Aquellos rostros. Por Mónica De Paulis.

Ella se encontró caminando dentro del gris y desolado edificio. No Había elegido estar allí, sin embargo estaba.

El sol se filtraba apenas por las ventanas  herméticas,  como lápidas de tumbas,  que siempre dejan pasar algo.

Llegó al pasillo y observó  que era interminable, aunque parecía no conducir a ningún lugar. Sintió un fuerte deseo de saber qué había al final. La invadió una sensación de curiosidad mezclada con inseguridad y miedo por encontrarse con lo que no quería ver.

Comenzó a caminar. Recordó algunos personajes de cuentos que había leído cuando era adolescente y pudo verlos allí.

El soldado que disparaba su fusil hacia el circunstancial enemigo. Aquel hombre que clavaba un puñal a su amante, abrumado por la traición. La dulce ama de casa que asesinaba personajes imaginarios detrás de puertas que abría, cerraba y traspasaba a su antojo. Todos estaban allí. Y se preguntó si realmente eran ellos.

Mirándolo más detenidamente vio su rostro en el rostro de cada uno de los asesinos, pero no se sorprendió.

Se encontró nuevamente caminado dentro del gris edificio. Y aunque no había elegido estar allí, se dio cuenta que debía estar.

 

ABRIL 2012

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